Elecciones en Boca: el sueño macrista de las SAD se choca con la movilización de los hinchas

Envalentonado por el triunfo de Javier Milei a nivel nacional, Mauricio Macri salió con todo a reflotar su viejo proyecto de instalar en el país las Sociedad Anónimas Deportivas (SAD), un proyecto que busca privatizar los clubes de fútbol. Para hacerlo, sacó a jugar todo su poderío económico, político y sobre todo judicial para intervenir sobre las elecciones en Boca, el club que le sirvió a Macri como trampolín a su carrera política hace más de dos décadas. Pero semejante embestida por ahora tuvo un freno parcial al chocarse con la movilización de los socios e hinchas.

El pasado fin de semana debían realizarse las elecciones en Boca Juniors, donde los 114.000 socios habilitados para votar debían elegir las autoridades del club para los próximos cuatro años. Pero las elecciones no se realizaron: frente a lo que parecía ser una derrota segura frente al oficialismo, Macri salió a hacer un clásico operativo de «embarrar la cancha» utilizando sus mil y una influencias sobre el poder judicial, sobre todo el de la Capital. Ahora, las elecciones no tienen fecha, el club corre riesgo de ser intervenido judicialmente y los hinchas y socios se movilizaron contra estas maniobras de manera inédita.

Lejos de ser una elección típica donde los principales temas en discusión giran alrededor de la gestión deportiva del club (en primer lugar la del fútbol profesional por obvias razones), se transformó en una cruzada en donde miles de hinchas sienten que está en juego su club como tal, frente a la posibilidad de que la lista opositora de Ibarra-Macri avance con su plan de privatización en caso de llegar a gestionar nuevamente la institución. El debate político nacional, con la derecha en avance, se entremezcla con la disputa en Boca que, con sus 315.879 socios en total, es el club de fútbol más popular del país.

Macrismo de manual

Cuando se cumplió el plazo para la presentación, el cierre de listas arrojó que los socios boquenses debían elegir entre dos opciones: el oficialismo, encabezado por el actual vicepresidente e ídolo histórico del club, Juan Román Riquelme, y una lista opositora única encabezada por el ex secretario de modernización de CABA, Andrés Ibarra, acompañado del propio Mauricio Macri como candidato a vice.

En las semanas previas ya había señales que indicaban que el macrismo ensayaba maniobras para enturbiar el clima de la elección frente a lo que todo indicaba iba a ser una victoria segura del oficialismo. En primer lugar, la Comisión Directiva del Club había fijado el acto eleccionario para el sábado 2 de diciembre pero una insólita resolución judicial que dio lugar a una cautelar presentada por «un grupo de socios de la comunidad judía» ordenaba trasladarlas un día, al domingo 3, con el argumento de que a dichos socios no se les respetaba su derecho a practicar la tradición religiosa del shabbat.

El oficialismo prefirió acatar la resolución y continuó con los preparativos de la elección, que por primera vez en la historia iban a realizarse dentro del campo de juego de La Bombonera. Pero sólo iba a ser el primer paso de una denuncia mucho más grave, radicada esta vez de forma directa por la lista opositora, que denunciaba la incorporación de «13.000 socios truchos» al club, supuestamente incorporados como socios de manera irregular.

Cinco días antes de la elección y en una resolución emitida a las 1:40 de la mañana, la justicia porteña hizo lugar a la denuncia y ordenó directamente suspender las elecciones, ahora ya sin fecha definida, hasta que puedan investigarse los hechos denunciados.

Comenzó allí un raid televisivo de la fórmula Ibarra-Macri argumentando que quieren «elecciones limpias» y diciéndole explícitamente al oficialismo «corran esos 13.000 y las elecciones se hacen»: es decir, sólo tienen que dar la orden y la justicia obedece. La impunidad de los poderosos.

Afiche de Macri en las inmediaciones de La Bombonera intervenido durante la movilización de hinchas del domingo 3 de diciembre.

La justicia llamó a una mediación entre ambas partes, pero el macrismo se mantuvo firme en su posición de exigir una depuración de esos 13.000 socios. Se trata de un número muy relevante: en las últimas elecciones del año 2019, votaron poco más de 35.000 personas, un número récord para el fútbol argentino.

En el medio, salieron a la luz más detalles sobre el carácter trucho de las maniobras judiciales de Macri, algunos casi hilarantes: de los ocho supuestos socios de la comunidad judía que presentaron una cautelar al club, seis denunciaron que habían utilizado sus nombres y firmas sin su consentimiento y que se enteraron de la denuncia por los medios.

Luego, en la resolución que ordena la suspensión de los comicios, la jueza toma como elemento la declaración telefónica de dos testigos que nunca fueron llamados a ratificar su declaración, por lo que se desconoce qué fue concretamente lo que denunciaron. Además, la jueza argumentó como indicio de irregularidades que muchos de esos socios que la oposición impugna habían sido pasados a la categoría «Activos» durante días sábados y domingos. No reparó en el detalle de que contrastó las fechas con el calendario de este año, cuando debió hacerlo con el del año 2021, que fue cuando se incorporaron dichos socios. Todo dentro del margen de error normal previsto en el manual macrista de utilización de la justicia para sus propios fines.

Lo que hay en juego

Estas y otras maniobras del macrismo hechas con una impunidad desconcertante (entre otras cosas, Macri admitió que solicitó a Riquelme traer «al 9 de la selección de Qatar» o si no «iban a tener problemas para mantener el sponsor» que en ese momento era la aerolínea Qatar Airways) fueron clarificando el panorama de que estaba en juego mucho más que una elección.

Macri ya había hablado de su proyecto de construir un nuevo estadio para el club por un valor de casi 500 millones de dólares, financiado por un fondo catarí. De hecho, en los días previos a la elección Macri estuvo en Qatar y se reunió con quien ha calificado como su «amigo», el Emir de Qatar.

A esos jeques Macri les habría prometido «convertir a Boca en el PSG de Latinoamérica», es decir, venderle el club para convertirlo en una empresa propiedad de un grupito de multimillonarios al otro lado del mundo.

El proyecto de introducir las SAD en el fútbol argentino no es nuevo. El propio Macri lo intentó en el año 1998, cuando como presidente de Boca forzó una votación en AFA al respecto, pero el proyecto fue ampliamente rechazado.

Si en aquel momento intentó hacerlo «por las buenas», envalentonado por el triunfo del ultraderechista Milei (que amenaza con un plan de privatizaciones masivas) ahora pretende hacerlo por las malas: si no puede ganar las elecciones, utilizará todos sus hilos en el poder y las mil y una maniobras antidemocráticas para intentar quedarse con el club. En plena campaña electoral, Milei también se manifestó a favor de las SAD.

Sucede que según la legislación que regula a las sociedades civiles, si el club no realiza en determinado plazo las elecciones para elegir a sus autoridades, la institución se vuelve susceptible de ser intervenida por la Inspección General de Justicia (IGJ), organismo en el que a partir del 10 de diciembre asumirán los funcionarios del nuevo gobierno de Milei-Macri.

Aunque no está del todo claro, lo más probable sea que la estrategia del macrismo vaya por el lado de apostar al desgaste de la situación hasta que se haga efectiva la intervención, y esa posibilidad constituye un riesgo cada vez más real, en la medida en que parece cada vez menos probable que las elecciones lleguen a hacerse antes de 2024.

Movilización de hinchas de Boca del domingo 3 de diciembre.

Frente a la amenaza de la intervención o la alternativa de elecciones maniatadas por el macrismo, miles de socios e hinchas comenzaron a organizarse en las redes sociales para manifestar el rechazo a la intervención y a la privatización, así como defender su derecho a votar para elegir a las autoridades del club.

Finalmente este domingo, el día en el que debían realizarse los comicios, los socios e hinchas de Boca realizaron una histórica movilización de más de 35.000 personas desde el Parque Lezama a La Bombonera, en la que participó el propio Riquelme y otras figuras del club. De la acción participaron también decenas de peñas del interior y agrupaciones políticas del club alineadas con el oficialismo.

Al día siguiente de la marcha, este lunes la jueza Alejandra Abrevaya aceptó la recusación que contra ella habían realizado los abogados del club, apartándose al menos momentáneamente de la causa, un pequeño y relativo triunfo en el marco de una avanzada muy grave del macrismo contra los socios, que ya tiene antecedentes en otros clubes, como el caso reciente de Independiente donde las elecciones estuvieron suspendidas durante más de un año.

Los clubes son de los socios

El intento de Macri por imponer el modelo privatista de las SAD en Boca sería sólo el puntapié inicial para proyectarlo sobre todo el fútbol argentino, y de esa manera expropiarle los clubes a los socios e hinchas y dárselo a los empresarios. Por supuesto que en el fútbol no faltan las influencias y negocios, pero persiste todavía el poder de voto de los socios por tratarse de clubs y no de sociedades anónimas. El plan de privatización implica arrebatarles hasta eso, poner los clubs de manera directa, sin filtros, en manos de empresarios.

Por supuesto, dicho proyecto sólo puede ser llevado adelante pasando por encima de la voluntad de los socios, lo que explica que sólo puede imponerse mediante maniobras antidemocráticas, como intenta hacer ahora en Boca suspendiendo las elecciones.

La privatización de los clubes va en el sentido totalmente contrario al fenómeno popular que es el fútbol en nuestro país: aun con la dominante mercantilización del fútbol, constituye una enorme conquista histórica a defender el hecho de que los clubes pertenezcan (aunque mediatizado por los dirigentes, en su mayoría empresarios) a los socios e hinchas, los verdaderos protagonistas del fútbol como fenómeno social popular.

Al defender a los clubes como sociedades civiles se le pone un límite a la mercantilización, que no es otra cosa que la lógica capitalista de querer ponerle un precio a todo. No se puede comprar y vender la pasión, no se puede hacer rentable el amor por los colores, la identidad colectiva. Ya ni que hablar de que la privatización implica tirar por la borda la valiosísima función social de los clubes y el acceso al deporte en general.

Para ello, el camino contra la privatización es la organización independiente y la movilización de los hinchas, con el ejemplo de los miles de xeneizes que el pasado domingo coparon las calles, sabiendo que para las próximas peleas del futuro será necesario ir mucho más allá no sólo de la pelea club por club sino también apuntando especialmente al poder político que está a punto de asumir el 10 de diciembre, que prepara ataques similares en todos los demás órdenes de lo social.

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1 COMENTARIO

  1. A esto hay que sumarle lo que sucedio en River, que se cambio el estatuto prohibiendo el ingreso de los socios y el escandaloso ascenso de Riestra, el equipo de Stinfale, a la primera division.
    La unica posibilidad de derrotarlo es con la movilizacion de los hinchas.

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