La reforma laboral de Milei es esclavitud

De implementarse esas medidas, la «libertad» que se logrará no será otra que la libertad de elegir entre la esclavitud y la muerte por inanición.

Bajo los slogans de campaña y las frases que prometen «cambiar la Argentina» se esconden propuestas de flexibilización laboral que ya se pusieron en práctica y solo sirvieron para llenar los bolsillos de algunos empresarios y condenar a millones a la pobreza, el hambre y la desocupación.

¿Qué propone Milei? 

El programa de Milei para el mundo del trabajo es un lisa y llana contrarreforma laboral: eliminar las indemnizaciones por despido, alargar los períodos de prueba de 3 a 6 meses, destruir los convenios colectivos de trabajo y terminar con las obras sociales por sindicato para reemplazarlas por prepagas privadas.

Según Milei, con estas medidas se logrará terminar con «los abusos» y «la industria del juicio», además de eliminar los aportes supuestamente «compulsivos» de los trabajadores a sus propios sindicatos y obras sociales.

Pero los objetivos reales son otros. En primer lugar, liberar a las patronales de toda obligación hacia sus empleados, como por ejemplo garantizar estabilidad a futuro, aportes patronales y salarios dignos. En segundo lugar, eliminar toda herramienta que les permita a los trabajadores organizarse y realizar medidas de fuerza cuando sus empleadores no garantizan dichas condiciones.

Veamos la cuestión medida por medida.

Ampliar el período de prueba

«El período de prueba es ese lapso temporal en el que los empleadores prueban a sus trabajadores y pueden despedirlos sin tener que pagarles una indemnización. Actualmente, la ley establece una duración de tres meses» (Anfibia). Milei quiere alargar ese período a seis meses. ¿Cuál sería la ventaja?

Según los liberales, flexibilizar la entrada y salida de trabajadores en el mercado laboral impulsaría la generación de empleo. Es un presupuesto clásico de la doctrina neoliberal, lo que significa que no se trata de ninguna idea nueva sino de viejas recetas. La famosa Ley Banelco (sancionada en medio de un escándalo de corrupción durante la gestión de De La Rúa en el año 2000) extendía el período de prueba de 3 a 6 meses e inclusive 12 en algunos casos.

¿Qué resultados tuvo la propuesta que ahora quiere volver a implementar Milei? En 1999, antes de la Ley Banelco, la desocupación era del 13,8%. Para el 2001, hacia la renuncia de De La Rúa, la desocupación había trepado casi 8 puntos hasta el 21,5%. En el mismo período la pobreza aumentó 25 puntos, del 27% en 1999 hasta el 52% en 2002.

Eliminar las indemnizaciones

Actualmente, el artículo 245 de la Ley de Contratos de Trabajo establece que aquel empleador que despida sin causa o justificación a uno de sus empleados deberá pagarle «una indemnización equivalente a (1) un mes de sueldo por cada año de servicio o fracción mayor de (3) tres meses». Esto significa que si el trabajador tiene, por ejemplo, 5 años de antigüedad, recibirá una indemnización equivalente a 5 meses de sueldo. Si su salario es de $100 mil, su indemnización será de medio millón de pesos. La utilidad de esta ley es obvia: garantizar al trabajador condiciones mínimas de estabilidad para no quedarse en la calle cuando su empleador lo despide sin justificación.

Según Milei, lo primero sería eliminar las indemnizaciones y reemplazarlas por un sistema de «fondos de desempleo», como el que existe actualmente en la UOCRA. «El fondo de desempleo en la construcción funciona de la siguiente manera: el empleador deposita el 12% del salario mensualmente en el fondo durante el primer año de la relación laboral y el 8% a partir del segundo año» (La Nación).

Comparemos ambos sistemas. En el sistema de indemnizaciones es el empleador (quien decide el despido) el que paga un resarcimiento al trabajador. En el sistema de «fondos de desempleo» es el propio trabajador quien «se paga» a sí mismo. Es decir que no hay resarcimiento alguno, simplemente se toma parte del salario mensual y se lo guarda en una caja de ahorro para el momento en el que el trabajador sea despedido.

En pocas palabras, no se trata de cambiar un sistema por otro sino de eliminar las indemnizaciones sin reemplazarlas por ningún sistema alternativo. El mal llamado «fondo de desempleo» es en realidad una alcancía para el trabajador. Pero para que un trabajador pueda ahorrar hace falta que los salarios sean más altos que el costo de vida. De lo contrario el trabajador se verá obligado a usar ese dinero para pagar la boleta de la luz, de gas o el alquiler. Cuando llegue el día del despido, el trabajador estará en la calle sin un sólo peso en el bolsillo.

Terminar con «la industria del juicio»

La narrativa de la «industria del juicio» intenta enternecer los corazones con una triste melodía de violín sobre cómo los pobres empresarios son víctimas de los codiciosos trabajadores que pierden una pierna o la vida por trabajar para ellos. Según el último informe del Colectivo Basta de Asesinatos Laborales, al menos 5041 trabajadores perdieron la vida víctimas de la explotación capitalista entre 2018 y 2022. Pero para Milei y los suyos, las víctimas son los explotadores y negreros que lucran con las vidas obreras. Su «libertad» es que un trabajador que pierde un brazo no pueda hacer ningún tipo de juicio o reclamo a un explotador negrero.

Además, está el trabajo en negro y los despidos: ¿Qué sucede cuando es despedido un trabajador no registrado (en negro)? La ley 25.323 sancionada en el año 2000 establece que, en ese caso, el empleador debe pagar una indemnización por el doble del monto establecido para despidos en blanco.

Siguiendo con el ejemplo, si un trabajador estuvo 5 años en negro y es despedido sin causa, el empleador debe pagarle una indemnización correspondiente a 10 meses de sueldo.

Esto y ninguna otra cosa es lo que Milei llama «la industria del juicio». Para Milei, los patrones que negrean a sus trabajadores (sin pagar jubilación o vacaciones) son pobres víctimas de el sistema. Una estupidez que sólo puede ser defendida por las patronales negreras y sus amigos interesados, como Milei. Es mentira que los empresarios «se arruinan» por las indemnizaciones y los juicios. Las grandes empresas que no blanquean a sus trabajadores y despiden indiscriminadamente no lo hacen porque no tengan otra opción. Lo hacen para maximizar ganancias a costa de sus empleados.

Obras sociales

Otra de las propuestas de Milei es «eliminar las contribuciones compulsivas sobre el salario destinadas al financiamiento de la salud de empleados y jubilados», es decir, los aportes de los trabajadores a sus obras sociales. Según los libertarios, esto le daría «más libertad» a los trabajadores ya que podrían «elegir» una prepaga según su propio gusto, no viéndose obligados a aportar para la obra social de su sindicato.

La contracara es que Milei también pretende eliminar la contribuciones patronales a las obras sociales. Actualmente, el trabajador aporta un 3% (sobre el monto de su salario) para la obra social. Y el empleador paga un 6% por cada trabajador. Resulta obvio que, de conjunto, la mayor parte del financiamiento de la obra social no viene de la supuesta «contribución compulsiva» del trabajador, sino de los aportes que paga el empleador por obligación legal.

¿Qué sucedería si se eliminaran las contribuciones patronales y los aportes de los trabajadores a la cobertura médica sindical? Las obras sociales dejarán de existir por falta de financiamiento. Milei dice que eso sería bueno porque el trabajador tendrá la «libertad» de elegir una prepaga de la larga lista que el mercado ofrecerá.

Lo que Milei no dice es que será simplemente imposible pagar una cobertura médica similar a la que provee hoy una obra social con el dinero que los trabajadores se ahorrarán dejando de pagar su aporte del 3%.

¿Por qué? Por dos razones. Primero: la mayor parte del financiamiento de la obra social no viene del empleado sino, como ya dijimos, del empleador. Segundo: porque las prepagas no funcionan con la misma lógica que las obras sociales. Las obras sociales sindicales tienen el objetivo de brindar cobertura médica para los trabajadores de un gremio. Dependen de un sindicato y, por lo tanto, no tienen fines de lucro. Las prepagas, en cambio, son empresas privadas que brindan cobertura médica con un objetivo corporativo: obtener ganancias.

El resultado de una reforma como esta sería la pérdida de toda cobertura médica por parte de millones de trabajadores y el deterioro de la cobertura de quienes la conserven. Miles de nuevos pacientes tendrían que acudir directamente a un sistema de salud público que ya está desbordado al día de hoy. Y, como si fuera poco, Milei pretende desfinanciar aún más el sistema público para «achicar el Estado».

Convenios colectivos

Otra de las propuestas estructuralmente anti obrera que contemplan Milei y sus asesores es la de suprimir la ultraactividad de los convenios colectivos de trabajo. Los convenios colectivos son acuerdos pactados por la patronal y el colectivo de trabajadores (representado por su sindicato) sobre las condiciones de trabajo y contratación en una determinada rama de trabajo.

A diferencia de otros modelos laborales existentes en el mundo, el modelo de convenios colectivos es uno de los más beneficiosos desde la perspectiva de los trabajadores porque impide que la patronal establezca peores condiciones para una parte de sus empleados. Hace décadas que las patronales argentinas y multinacionales quieren terminar con este modelo, razón por la cual inventaron las agencias tercerizadoras.

«La ultraactividad implica que los convenios colectivos que pactan empresas y sindicatos se mantienen vigentes más allá de su vencimiento, hasta que no se apruebe uno nuevo. Esta es una garantía para los trabajadores: les permite no tener que validar año a año los derechos conseguidos. Si no aceptan las propuestas del sector empresario saben que sostienen su situación inicial» (Anfibia).

¿Qué pasa si se elimina la ultraactividad? Simple. «A la larga, el fin de la ultraactividad implica hacer caer todos los convenios colectivos de los sindicatos que no acepten flexibilizar sus condiciones de trabajo» (ídem). Cuando una patronal decida que quiere pagar sueldos más bajos o implementar peores condiciones de trabajo, no tiene ninguna necesidad de negociar con los trabajadores y los sindicatos que los representan. Les alcanzará con esperar y dejar vencer los convenios existentes para que los trabajadores queden absolutamente desprotegidos y acepten cualquier tipo de condiciones de super explotación.

Esta es la piedra angular de la contrarreforma que propone Milei. El vencimiento automático de los convenios suprime el poder de negociación de los sindicatos, abriendo la puerta a la llegada interminable de nuevos y mayores ataques contra las condiciones de trabajo, salario y contratación.

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