Milei contra el CONICET: capitalismo bananero y decadente

El resonante triunfo de Javier Milei en las PASO del pasado 13 de agosto cambió por completo la agenda política del país. Aunque ya de entrada eran unas elecciones corridas a la derecha, la posibilidad cada vez más verosímil de que el «libertario» sea el próximo presidente hizo que sus «propuestas» comiencen a debatirse con mucha más alcance.

La última y la que más debate suscitó es ya un lugar común de la derecha liberal en nuestro país: Milei quiere privatizar el CONICET o, lo que es lo mismo, cerrarlo. Es un encono que viene desde hace tiempo el de agarrársela contra el sistema científico que, a pesar de años de ajuste de los sucesivos gobiernos, es uno de los organismos científicos más prestigiosos de Latinoamérica.

¿Por qué un gobernante querría cerrar el CONICET? Solamente en la limitada cabeza de un «libertario» puede ser un problema el hecho de que el Estado financie y promueva la investigación científica y tecnológica. El «argumento» sería que las investigaciones que se desarrollan en el marco del organismo no serían «productivas» ni «rentables», cuando no directamente se acusa a los investigadores de ñoquis que «viven del Estado».

Así como lo leen: las únicas investigaciones científicas que para Milei tienen derecho a existir son las que le hacen ganar plata a algún empresario. Y por lo tanto, corresponderían que estén financiadas por el sector privado.

El argumento de que el CONICET no investiga cosas importantes no resiste mayor análisis: es simplemente una gran mentira. Se resuelve con una simple googleada para desbaratar lo que no es más que una fake news derechista de poca monta. Desde investigaciones médicas para tratamientos contra el cáncer hasta baterias de litio, pasando por desarrollos en génetica, tecnología médica, satelital, etc. La lista es larguísima, y solo la puede negar alguien que no está dispuesto a dar esta discusión de forma honesta, o bien maneja niveles extraordinarios de ignorancia. Dos características que abundan entre los trolls libertarios de internet.

En los últimos días circuló un «ejemplo» malintencionado con el que los libertarios pretenden mostrar cómo el CONICET es un aguantadero de gente que vive del Estado: nos dicen que, mientras la NASA («alta productividad») tiene 17.000 empleados, el CONICET «baja productividad» tiene 35.000. El sólo hecho que comparen a la NASA con el CONICET es ya revelador de que no tienen ni la menor idea de lo que están hablando. La NASA es una agencia espacial, ¿qué tendrá que ver con el CONICET? Nada, pero los dos «suenan a cosas de ciencia». Ese es el nivel de la discusión que proponen. En Argentina también hay una agencia espacial estatal, se llama CONAE y, para que se queden tranquilos, tiene sólo 300 trabajadores…

El segundo aspecto es todavía más escandaloso porque no tiene pies ni cabeza: ¿de donde sacó Milei que la ciencia se rige por criterios de productividad? ¿Milei sabe que las empresas se benefician de investigaciones previas que muchas veces tuvieron décadas de trabajo sin ninguna rentabilidad desde el punto de vista económica? Obviamente, no lo sabe, porque ignora totalmente de lo que está hablando.

El ejemplo más claro que refuta de manera absoluta la concepción de Milei es internet. Lo que hoy conocemos como internet fue literalmente un proyecto del gobierno de los Estados Unidos con fines militares y de inteligencia, que requirió décadas de investigación desde la década del ’50 en adelante y que sólo pudo haber sido financiada por el Estado, ya que ni a corto ni mediano plazo no significaba ninguna oportunidad de negocios para las empresas.

No fue sino hasta que los desarrollos ya estuvieron avanzados que el sector privado comenzó a interesarse y ver ahí una oportunidad de obtener ganancias. Pero semejante proyecto, que involucró un «gasto» de millones de dólares durante muchos años hubiera sido inabarcable para la lógica del mercado.

Lo mismo ocurre con la industria farmacéutica. Por ejemplo, la vacuna contra el Covid de AstraZeneca. Un estudio reveló que los desarrollos fueron financiados en un 97% con fondos públicos, y que la industria sólo aportó el 3% restante. Sin embargo, la empresa se quedó con la patente de la vacuna.

A la inversa, el patentamiento de las vacunas fue un enorme problema, y no una solución durante la pandemia: las vacunas se redirigían allí donde las empresas farmacéuticas podían obtener clientes que las paguen. Así fue que los países pobres recibieron muchísimas menos vacunas contra el Covid que los países ricos, que incluso llegaron a tener que descartar vacunas de tantas que acumularon. Otro ejemplo de la supuesta «eficiencia» de la ciencia en manos de los privados. En enero de 2021, 10 países concentraban el 95% de las dosis aplicadas hasta el momento.

Por último, la concepción de Milei revela una visión del país mucho más general: ¿qué desarrollo puede tener un país sin inversión en ciencia y tecnología? Lo que expresa Milei es la versión más dependiente, decadente, bananera y tercermundista que puede haber del capitalismo. Su concepción es entregarle el país en bandeja a los capitalistas para que lo estrujen todo lo que puedan sin dar nada a cambio.

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