¿Estalla la guerra en África? Días decisivos tras el golpe de Estado en Níger

El golpe de Estado que sufrió Níger el pasado 26 de julio fue mucho más que otro episodio de la extremadamente inestable situación política del África noroccidental. El levantamiento militar puede tener repercusiones regionales y hasta globales que están llevando a una máxima tensión en la región.

El golpe fue realizado por un ala de las Fuerzas Armadas que derrocó al presidente Mohamed Bazoum luego de dos años de gobierno. La acción se suma a una larguísima lista de golpes militares en el país. A pesar de que el golpe fue repudiado por la mayoría de los países de la región y por las potencias, su principal fortaleza reside en que cuenta con cierto apoyo popular. El domingo, unas 30.000 personas se congregaron en las calles para saludar a la nueva junta militar que tomó el poder.

Y es que, a diferencia de hechos similares de la historia reciente del país, el golpe del 26 de julio está marcado por una fuerte impronta antifrancesa. Níger se independizó formalmente de Francia en 1960 pero que al día de hoy mantiene estrechos lazos poscoloniales no sólo en relación a la economía, sino también a la política y la cultura del país. En Níger se habla francés como lengua oficial.

Mohamed Toumba, uno de los cabecillas de la Junta Militar, saluda a sus simpatizantes. Foto: EFE.

Los manifestantes pro-golpe ondeaban banderas nacionales junto a las de Burkina Faso y Mali, dos países limítrofes que también están siendo gobernados de facto por juntas militares. Éstas fueron las primeras en expresar de manera oficial su apoyo al levantamiento militar en Níger.

Pero la bandera que más alerta despertó entre las potencias occidentales fue sin dudas la de Rusia, que fue levantada por cientos de manifestantes. La multitud gritaba en contra de la presencia francesa, a favor de los golpistas y de Vladimir Putin.

Uno de los hechos que encienden las alarmas del imperialismo occidental es la presencia del grupo Wagner en la región. Se trata de la compañía de mercenarios al servicio de Moscú. En junio pasado protagonizó un intento de «rebelión» contra el Kremlin que pareció ser más un intento de presionar a Putin para un mayor despliegue militar que un intento de derribar al gobierno. La Junta Militar pidió ayuda al grupo mercenario, con presencia en el vecino Malí, y sus tropas ya arribaron al país.

El hecho es que la presencia de banderas rusas junto al contenido explícitamente anti-francés y anti-occidental del golpe en Níger ha requerido la atención de todas las potencias, adquiriendo una importancia geopolítica inusitada.

Niamey, capital de Níger, tras las protestas.

Tras el golpe, además de las reacciones favorables de sus vecinos de Malí y Burkina Faso, los hechos suscitaron una fuerte escalada de tensiones por parte de sus detractores. En primer lugar, de los países que conforman la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao). Ésta es presidida por Nigeria, el país que más ferozmente se ha manifestado contra los golpistas e incluso encabezó un ultimátum en el que se advertía que, si los militares no reestablecían el gobierno civil para la noche de este domingo, los países de la Cedeao desplegarían una intervención militar. Otros países de esa organización respaldaron el ultimátum nigeriano y estarían dispuestos a participar de una incursión militar, entre ellos Senegal, Costa de Marfil y Benín. Del otro lado, Malí, Guinea y Burkina Faso enviaban este lunes contingentes a Níger en apoyo al nuevo gobierno.

La medianoche de este domingo venció el plazo que estableció la Cedeao, por lo que son horas decisivas para la región. La vía diplomática aun no está cerrada, y esa organización convocó a una nueva cumbre para este jueves para determinar los pasos a seguir, por lo que las negociaciones continúan.

Pasado colonial, presente imperialista

No es poco lo que hay en juego desde el punto de vista económico y político. Luego de décadas de colonialismo, Níger fue creado de manera artificial a partir de la repartija colonial de África entre los franceses y los británicos, hambrunas y genocidios de etnias locales mediante. Es uno de los países más pobres del mundo, si se considera el Índice de Desarrollo Humano.

Sólo un 3,9% de su territorio es apto para la agricultura, por lo que la escasez de alimentos ha sido un problema histórico. Su fuerte está sin duda en sus recursos minerales. Níger es el séptimo productor de uranio del mundo, un mineral fundamental para la energía nuclear. Las exportaciones de uranio representan más del 30% del producto nacional. El principal comprador de uranio es Francia, que lo utiliza para sus centrales nucleares.

Francia mantiene una dominación económica directa heredera de la etapa colonial. Níger mantiene como moneda el Franco CFA de África Occidental, que es utilizada por otros siete países con pasado colonial francés. Su cotización estaba atada a la moneda francesa, y ahora al euro.

Además, Francia cuenta con bases militares aéreas en el país y un contingente de 1500 soldados. Estados Unidos también tiene tropas allí, debido a que los sucesivos gobiernos se habían convertido en enclaves de la «lucha contra el yihadismo» que, a pesar de ser una amenaza real -la presencia de Al Qaeda es significativa en esa región- es utilizado por las potencias para afianzar su presencia imperialista.

La Junta Militar exigió a las tropas francesas que se retiren del país antes del viernes, algo que todavía no ocurrió. Apenas horas después del golpe, Macron afirmó que respondería de manera «contundente» cualquier agresión contra nacionales franceses civiles o militares.

Para Francia no se trata sólo de defender un puesto de avanzada: se trata de nada menos de un poder que cuestiona los profundos lazos de sumisión de esa región de África al imperialismo francés, con estrechas relaciones de explotación y opresión tanto económicas como político-culturales. Por supuesto, esto no significa que la camarilla militar que encabeza el golpe represente una salida progresiva para Níger: más bien la intención de subsumir al país bajo las condiciones de otro poder extranjero, en primer lugar Rusia.

El eventual estallido de una guerra regional en el corazón de África occidental sería un nuevo cimbronazo a la ya de por sí inestable situación política global, con la guerra en Ucrania como principal foco de incertidumbre.

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