Introducción: «El marxismo y la transición socialista»

“Toda revolución disuelve la vieja sociedad, y así considerada, es una revolución social. Toda revolución derroca el viejo poder, y en ese sentido es una revolución política (…). Ahora bien, todo lo que tiene de parafrástico o de absurdo una revolución social con un alma política, lo tiene de racional una revolución política con un alma social. La revolución en general –el derrocamiento del poder existente y la disolución de las viejas relaciones– es un acto político. Y sin revolución no puede realizarse el socialismo. Éste necesita de dicho acto político, en cuanto necesita de la destrucción y la disolución. Pero allí donde comienza su actividad organizadora, allí donde se manifiesta su fin en sí, su alma, el socialismo se despoja de su envoltura política”.

Karl Marx, “Glosas críticas al artículo «El rey de Prusia y la reforma social. Por un prusiano»”

La experiencia de las revoluciones y Estados no capitalistas del siglo pasado espera todavía una elaboración consistente y una crítica que destaque sus principales lecciones. Sobre todo la recorrida en aquellos países donde el capitalismo fue expropiado pero en los cuales la transición al socialismo se vio frustrada –inhibida, mediada, abortada– por diversas razones.

Nuestros clásicos, Marx y Engels, habían teorizado sobre la sociedad posrevolucionaria. Pero tuvieron siempre extremo cuidado en no ir más allá de donde las tendencias en obra podían llevarlos. Apenas vivieron la experiencia –riquísima de cualquier manera– de la Comuna de París, que duró sólo tres meses. Ambos bucearon, también, en el pasado de la humanidad para condenar la idea de que solo se podían tener formas clasistas y desiguales de sociedad (estatalistas). Desarrollaron una rica elaboración alrededor de las formas de producción y de propiedad comunal previas a todo tipo de Estado y a toda formación de clases, expresada en clásicos borradores de estudio como “Formas que preceden a la propiedad capitalista” (en los Grundrisse) y los eruditos Apuntes etnológicos, de Marx, así como El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado de Engels.

Sin embargo, esta realidad cambió radicalmente durante el siglo pasado. Se vivieron revoluciones históricas que abrieron de par en par la experiencia de la transición socialista, que pusieron rumbo a lo desconocido.

Se desarrollaron inmensas experiencias de expropiación del capitalismo. En primer lugar, la más grande revolución político-social en la historia de la humanidad, la Revolución Rusa, donde la clase obrera tomó el poder con sus propias organizaciones. Sin embargo, posteriormente sobrevino la degeneración burocrática de la Revolución Rusa, y con la Revolución China de 1949 y otras subsiguientes de la segunda mitad del siglo pasado (como Vietnam, la ex Yugoslavia y Cuba), la clase obrera no logró hacerse del poder y eso bloqueó duraderamente la transición socialista.

De cualquier manera, tomando como centro la experiencia de la revolución y la contrarrevolución rusa –un laboratorio histórico casi inconmensurable–, así como, críticamente, el resto de las experiencias revolucionarias y de las rupturas con el capitalismo del siglo pasado, quedó la materia prima de la experiencia para teorizar alrededor de la teoría de la revolución y de la transición socialista de cara al porvenir.

Por nuestra parte, entre otros ensayos destinados al tema, años atrás emprendimos un trabajo de elaboración sobre la economía de la transición socialista, “Dialéctica de la transición. Plan, mercado y democracia obrera”. Sin embargo, dejamos anotado que nos faltaba desarrollar el otro lado: el Estado de la transición, la propiedad y el poder en ese proceso.

En esta obra pretendemos abordar en su totalidad la problemática de la transición socialista, dándole unidad a lo que intenta ser un estudio crítico de la experiencia revolucionaria concreta del siglo XX. Lo haremos en dos tomos: este primero dedicado a la problemática del Estado, la revolución y la transición, y el próximo a la economía de la transición, enfocándonos sobre todo en el análisis crítico de las evoluciones en la ex URSS.

Metodológicamente, intentaremos movernos entre la teoría, la historia y la estrategia revolucionaria. Tenemos presente que nuestro análisis será circunstanciado. Moshe Lewin habla de la “infinita complejidad de la realidad histórica, ambigua, poliédrica y mutable, y que se resiste a los intentos de explicación”, como para dar cuenta de la dificultad del abordaje de la experiencia de la ex URSS y demás estados no capitalistas de posguerra. No pretendemos enunciar una “teoría general”; las teorías generales suelen ser esquemáticas. Al mismo tiempo, subrayamos el hecho que se trata de una obra escrita desde el llamado Sur global, razón por la cual algunas de sus inflexiones seguramente estarán determinadas por esa localización. Es difícil tener una ubicación completamente universal cuando se escribe desde un país tan en crisis como la Argentina, más allá del contrapeso que provee ser parte de una corriente internacional, aun incipiente.

Por lo demás, aspiramos a apoyarnos en las conquistas teórico-estratégicas del marxismo clásico y revolucionario, porque el análisis crítico de la experiencia anticapitalista y socialista del siglo pasado requiere tanto retomar críticamente la obra de Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Christian Rakovsky y Antonio Gramsci, sobre todo, como recolocarlas en el contexto general de la obra integral de Marx y Engels, un esfuerzo iluminador para escapar de ciertas aporías.

Teoría e historia, estrategia, programa y experiencia práctica e, incluso, metodología marxista se entrecruzan en esta obra, que pretende llenar un vacío en la elaboración marxista contemporánea: poner sobre la mesa elementos de un balance teórico-estratégico sistemático de la experiencia vivida para ayudar a vivificar las revoluciones socialistas que están en el porvenir.

Para finalizar esta introducción, quiero agradecer la colaboración de Marcelo Yunes, un camarada fraterno con el que venimos intercambiando ideas políticas y teóricas desde hace décadas y que ha sido abnegado editor de varios de mis textos y sobre todo de este primer volumen de mi obra. También quiero agradecer a Patricia Fanjul, que hizo la primera corrección de este volumen, y a Emilse Icardi, a cargo del arte de tapa y diseño para esta edición electrónica. También a Guillermo Pessoa, compañero simpatizante de nuestra corriente que logró hacerse tiempo para leer los varios borradores que fui produciendo a lo largo de los dos años y medio que demandó escribir esta obra. Y por supuesto quiero agradecer al núcleo dirigente de nuestro partido y de nuestra corriente internacional en la realización de esta obra, a la que considero como una síntesis de una experiencia y una elaboración colectivas que comenzaran con el núcleo fundacional de nuestra corriente, allá por fines de los años 80.

 

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1 COMENTARIO

  1. Muy interesante el tema abordado por compañero ! Pero ay que reflexionar, ampliar y profundizar mas desde un nuevo paradigma desde los pueblos naciones originarios, de la clase trabajadora de ayer y de hoy desde sus experiencias de resistencia, lucha y combate, triunfó y derrotas. Yo trato de aprender de las herramientas y el método del marxismo dialectico en nuestro que hacer cotidiano.
    Los llevaos acompañando desde un buen tiempo hasta la fecha.
    Soy un comunero que vivo en una comunidad mapuche en el Wallmapu.
    Amulepe Taiñ Weychan! La lucha continua.

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