Perfil de Sergio Massa: un arribista conservador ligado a las más altas esferas del poder

Hasta llegar a ser el candidato del oficialismo para las próximas elecciones presidenciales, el camino recorrido por Sergio Massa tiene la sinuosidad y el zigzagueo propio de alguien cuya única guía de acción es el poder, el arribismo y el oportunismo político.

Siempre ligado a las más altas esferas del poder y con cierta astucia para «saltar» de un lado al otro, la candidatura presidencial de Massa con el respaldo de todo el peronismo nacional parece la cúspide de una elasticidad política que lo llevó a ser tanto aliado como enemigo circunstancial de prácticamente todo el espectro político burgués.

Pero en esa irreverencia hacia todo lo que podríamos considera tener algún mínimo principio al que honorar, hay sin embargo algunas líneas de acción a la que se mantuvo fiel desde el comienzo: esa «elasticidad» siempre estuvo fijada hacia la derecha, siempre con la perspectiva, en última instancia, de convertirse en el representante de la gran burguesía y el imperialismo en el país. Sus distintas actuaciones de reparto en gobiernos y momentos políticos de mayor mediación social, como el kirchnerismo, nunca fueron más que desvíos necesarios pero coyunturales de un mismo camino.

No sorprende entonces que su trayectoria política hacia iniciado en la UCeDé, el liberalismo que encabezó Álvaro Alsogaray en los años ’90 y en el cual Sergio Massa llegó a ser presidente de la Juventud Liberal.

Había nacido en San Martín -su relación con Tigre, el municipio y el club, vendría años después- y una vez que Alsogaray y la UCeDé se integraron al gobierno de Carlos Menem, Massa pasó formalmente a las filas del peronismo en su versión más neoliberal, a pura privatización y flexibilización laboral.

Allí, en San Martín, dos importantes alfiles del menemismo lo apadrinarían políticamente: Luis Barrionuevo y Graciela Caamaño. A través de ellos llegó a ser asesor de «Palito» Ortega, quien en ese entonces era Ministro de Desarrollo Social del menemismo. Su primer cargo electivo lo obtendría en 1999, cuando consiguió ocupar una banca como diputado provincial, en las mismas elecciones que el peronismo perdería con la Alianza.

Luego del desastroso final de De La Rúa, el peronismo vuelve al poder de la mano de Duhalde. En 2000 Massa se había casado con Malena Galmarini, y a través de su suegro, el empresario Fernando «Pato» Galmarini, llega a la dirección de la ANSES del gobierno de Duhalde, y luego sería revalidado en su cargo tras la llegada a la presidencia de Néstor Kirchner en 2003.

Massa continuaría al frente de la agencia durante toda la presidencia de Kirchner para en 2007 apostar por la intendencia de Tigre. Allí conseguiría su primer cargo ejecutivo, pero duraría en el cargo menos de un año. En 2008, luego de la crisis del campo que culminaría con el voto «no positivo» hacia la resolución 125, Cristina Kirchner decide cambiar la jefatura de gabinete: se desharía de Alberto Fernández y convocaría a Sergio Massa. No sería la última vez.

Massa tampoco duraría mucho tiempo en el cargo. En las elecciones de medio término de 2009 es uno de los «candidatos testimoniales» del oficialismo, pero son derrotados por el partido del empresario Francisco De Narváez, que hace una campaña centrada en la «inseguridad».

Massa vuelve a refugiarse en la intendencia de Tigre y, tras la derrota electoral, comienza a avizorar el fin del kirchnerismo. Comienzan entonces los primeros síntomas de divorcio con el oficialismo de entonces: Galmarini corre en Tigre con listas separadas del Frente Para la Victoria, y obtiene 19 puntos más que las listas que conformaba su marido. El oficialismo acusa al matrimonio de «cortarse solo» y llamar a cortar boleta en el distrito. Aunque Massa siempre negó esas versiones, lo que vino después no fue más que la confirmación del alejamiento.

Para 2011, Massa era todo un opositor todavía formalmente dentro de la estructura política oficialista. Ese año salieron a la luz las filtraciones conocidas como WikiLeaks, donde Massa tendría un inusitado protagonismo.

Los cables de WikiLeaks revelaron que Massa era uno de los más asiduos visitantes a la embajada de los EE.UU. durante 2009 y 2010. Uno de sus principales asesores, el empresario Jorge O’Reily, hablaba pestes del gobierno frente a funcionarios estadounidenses cuando Massa todavía era parte del gobierno. En una de esas cenas, Massa se refirió a Néstor Kirchner como «un psicópata», «un monstruo» y «un cobarde». Otra de las filtraciones de ese mismo año aseguraba que Massa sostuvo frente a los yanquis que el kirchnerismo no tenía «ni la menor oportunidad de ganar las elecciones presidenciales de 2011». El sentido político le falló esta vez al tigrense por adopción: CFK se reeligiría por el 54%.

Antes de saltar con todo hacia el objetivo presidencial, durante su gestión en Tigre proliferaron de manera brutal los barrios cerrados. Massa fue uno de los principales responsables de la privatización del Delta, siempre de la mano de empresarios inmobiliarios amigos, como el ya mencionado O’Reily.

Además, durante su gestión Massa se regodeaba de haber logrado que Tigre sea el primer distrito del país «totalmente monitoreado», tras instalar cámaras de seguridad por todo el municipio.

Su mayor logro político hasta el momento lo lograría en 2013, cuando ya como abiertamente opositor y habiendo fundado su propio partido, el Frente Renovador, le ganó las elecciones en provincia de Buenos Aires al oficialismo. Su campaña estuvo centrada en la lucha contra la «inseguridad», proponiendo sacar los militares a las calles contra el narcotráfico, así como proponer exportar el modelo Tigre de inundar de cámaras de seguridad todas las calles.

El triunfo de 2013 lo lanzaría directamente, ahora sí, hacia la carrera presidencial. De cara a 2015 no se guardó nada: prometió que si ganaba «iba a echar a todos los ñoquis de La Cámpora» y que «iba a meterla presa a ella (por CFK) y a todos los corruptos». Quemar todos sus papeles del pasado reciente no le alcanzó: quedó tercero, detrás de Macri y Scioli, y no pudo entrar al balotaje.

Una vez llegado el gobierno de Macri, Massa no dudó en aceptar la invitación de este al Foro Económico de Davos, uno de los principales encuentros empresariales del mundo. La apuesta de Macri por levantar a Massa duraría poco: a Macri le sería mucho más rentable políticamente polarizar con Cristina, y Massa quedaba demasiado «pegado» frente al macrismo regalando el espacio opositor al kirchnerismo.

La historia desde 2019 hacia acá es mucho más conocida. Massa se integra al Frente de Todos y ocupa la Presidencia de la Cámara de Diputados durante tres años, hasta que en julio de 2022 logra su mayor desafío político hasta el momento, al ser designado como «superministro» de Economía en medio de una grave crisis económica y con el país subsumido al acuerdo con el FMI.

Durante su año de gestión al frente de Economía Massa utilizó sus aceitados contactos en Washington para intentar sacarle todos los dólares posibles al Fondo. Para hacerlo, aceleró aun más el ajuste que ya venía con Guzmán: instrumentó un enorme tarifazo, un ajuste fiscal del «gasto» y benefició a los agroexportadores con tipos de cambio diferenciales. En este tiempo, la inflación se disparó -por momento superando el 8% mensual- y las reservas en dólares del BCRA se encuentran en mínimos históricos.

Nada de eso evitó que, con todo, sea uno de los pocos candidatos competitivos en el golpeado oficialismo, lo que lo catapultó a ser ungido por CFK como el flamante candidato que, ahora sí, cree tener su hora señalada para llegar a la Casa Rosada, en medio de una crisis histórica. Si en el marco del acuerdo con el Fondo el peronismo se prepara para llevar adelante un programa político y económico muy conservador, como no se veía desde el menemismo, es probable que para esa tarea reaccionaria y antipopular no haya figura más adecuada que la de Sergio Massa.

 

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