La ‘dolarización preelectoral’ y el FMI ponen contra las cuerdas a un BCRA que ya tiene reservas netas negativas

Mientras la semana pasada el dólar paralelo saltó 30 pesos, alcanzando la cifra récord de $522, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) debe enfrentar la situación con reservas netas negativas que algunos calculan en torno a los -$6.000 millones de dólares.

¿Cómo es posible y qué significa? Aunque el BCRA contabiliza reservas brutas por unos $28.000 millones, llegamos a un punto en donde nada de todo ese dinero «pertenece» propiamente al BCRA. Más aun, las reservas negativas significan que la entidad está utilizando dinero de otras fuentes para, por ejemplo, intervenir en el mercado de cambios y tratar de contener a los dólares paralelos.

Prácticamente la mitad de esas reservas brutas son encajes de depósitos en dólares, es decir, un porcentaje del total de dólares depositados en el sistema bancario que los bancos están obligados por ley a tenerlos «inmovilizados» en el BCRA. La entidad monetaria, a su vez, no puede utilizarlos, aunque se cuentan como reservas.

Dentro de las reservas brutas también se computan créditos que el BCRA ha obtenido de otras entidades, como del Banco de Basilea (BIS) o una porción de los Derechos Especiales de Giro (DEGs), la moneda propia del FMI que todos los países miembros tienen derecho a contabilizar como reservas.

El otro componente de importancia es el swap de monedas con China, de los cuales hasta ahora el país asiático habilitó que unos $5.000 millones sean de libre disponibilidad. Parte de esos yuanes se utilizaron para pagar el último vencimiento con el FMI de fines de junio.

En este contexto de extrema fragilidad financiera, al gobierno se le adosan en el tiempo dos desafíos que le significan una alta demanda de dólares… que no tiene. Por un lado, la presión cambiaria típica del período preelectoral, marcado por una fuerte tendencia a la dolarización por parte de las empresas, aunque también de una parte de las personas ‘de a pie’. Por el otro, la soga al cuello de los vencimientos con el FMI, que a fin de mes requerirán otros $3.400 millones.

Incógnitas

No por nada el equipo de funcionarios de primera línea del Ministerio de Economía partió este lunes a Washington con el objetivo de lograr un nuevo acuerdo con el FMI. Al gobierno le gustaría que el organismo adelante desembolsos, dándole aire al BCRA para dar pelea el frente cambiario los largos meses electorales que, de haber balotaje (muy probable) incluiría desde ahora hasta fines de noviembre.

Esa posibilidad de adelanto de desembolsos parece haber ido diluyéndose en la medida en que Argentina incumplió prácticamente todas las principales metas durante la revisión del segundo trimestre, incluidas la de déficit fiscal, emisión monetaria y reservas. Si el FMI se muestra una vez más indulgente, la presión de otros países en situaciones financieras complicadas (como Egipto o Turquía) sobre el organismo multilateral aumentará considerablemente.

Por eso, en las últimas horas trascendió la posibilidad de que, en la medida en que no dan los tiempos ni las condiciones para un acuerdo de este tipo, gobierno y FMI acuerden al menos patear la pelota para adelante y los vencimientos previstos para julio y agosto se pospongan uno o dos meses más.

Esto apenas aliviaría la situación financiera del país en lo inmediato, pero dejaría sin resolver el problema de la falta de dólares, al no haber nuevos desembolsos de los ya pautados. Sin dólares, e incluso aunque se pateen los vencimientos, el gobierno no tiene como enfrentar la cada vez mayor presión sobre el dólar, lo que podría forzar una evaluación del dólar oficial. Además de que significaría un escenario de altísima incertidumbre en medio de la campaña, un movimiento brusco del valor de la divisa norteamericana podría relanzar hacia arriba la inflación, hacia nuevos niveles.

En este contexto, la otra posibilidad que surge es continuar las negociaciones con China para que se activen más porciones del swap. Una cosa es pagarle al FMI con yuanes (algo que está permitido por la propia carta orgánica del organismo, sin necesidad de «pasar» por el dólar), otra cosa es utilizar esos yuanes para comprar dólares y estos venderlos en el mercado de cambios para contener los dólares paralelos.

El problema es que todo lo que tiene que ver con China está rodeado de un halo de opacidad mayor que otros organismos. No es que el FMI sea un monumento a la transparencia y la honestidad, pero sí es cierto que los controles que los propios países miembros ejercen son mayores, al tratarse de un organismo multilateral.

Con China, se desconoce por ejemplo cual es la tasa de interés a la que deberán devolverse esos yuanes. ¿Es mayor o menor a la del FMI? No lo sabemos, ya que el país asiático exige establecer acuerdos de confidencialidad cuando se establecen este tipo de entendimientos. Tampoco sabemos que otras cosas entran en juego en la negociación: en el último tiempo salieron a la luz desde negociaciones para comprarle a China aviones de guerra hasta el proyecto de abrir un puerto de ese país en Ushuaia.

Los próximos días seguramente sean definitorios para al menos la situación económica y financiero de aquí a por lo menos las elecciones PASO del 13 de agosto, que para una crisis económica como la de Argentina es prácticamente el mediano plazo.

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