Cumbre de la OTAN: ¿ingreso de Ucrania?

La ciudad lituana de Vilna es testigo de una Cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que será seguramente histórica. Los mandatarios de las principales potencias occidentales discuten planes militares para los próximos años mientras se cumplen 500 días desde el inicio de la guerra en Ucrania.

Ya el lunes comenzaron a circular versiones encontradas sobre las discusiones que tendrían lugar en Vilna. Los temas centrales estaban claros. La reorganización de la Alianza para los años que vienen y que, según todas las expectativas, serán de una mayor confrontación bélica. Las tratativas para desbloquear el ingreso de Suecia en la Alianza. Y por último la posibilidad de acelerar el ingreso de Ucrania a la OTAN, suspendido desde la Cumbre de Bucarest en 2008.

Es evidente que el punto más candente de toda discusión en la OTAN, con implicancias mundiales, es el posible ingreso de Ucrania. Pero, pese a los gestos de avance y acuerdo en ese camino, en los hechos quedó pospuesto al menos hasta el final de la guerra con Rusia.

Este último punto fue despejado durante el primer día de la Cumbre, tras una serie de reuniones bilaterales protagonizadas por el presidente norteamericano Joe Biden. El mandatario demócrata logró pactar un acuerdo dentro de la Alianza con el acompañamiento de los gobiernos británico (Biden se había reunido con el premier Sunak el mismo lunes), francés y alemán.

Por un lado, Stoltenberg confirmó que la OTAN garantizará mecanismos de seguridad a Ucrania para hacer frente a la guerra con Rusia, que parece lejos de terminar.  En los últimos días se había hablado de una posible «garantía de seguridad» que finalmente no será tal.

El tecnicismo no es menor. Una garantía de seguridad implicaba según el estatuto de la OTAN el ingreso de los aliados a la guerra. Los mecanismos de seguridad, por otro lado, incluyen asistencia armamentística, de inteligencia y logística por parte de los Ejércitos aliados.

Bajo el patrocinio de Biden, la OTAN eliminará el requerimiento de un MAP (Plan de Acción de Membresía) para el caso ucraniano. Así, el gobierno de Zelensky podrá saltarse largos pasos protocolares en la solicitud de membresía. Se trata de una excepción histórica nunca antes contemplada para ningún país ingresante. Una demostración de la relevancia que la guerra en Ucrania tiene para los intereses futuros del imperialismo yanqui y europeo.

Según Stoltenberg, quedan dos condiciones restantes para el ingreso de Ucrania. Por un lado, deberá readecuar su sistema militar e institucional para posibilitar la interoperabilidad militar con el resto de los países de la OTAN.

Segundo (y más importante) está el pequeño problema de que Ucrania está en guerra. Según Stoltenberg «las fuerzas ucranianas han demostrado valor, destreza, competencias, que han impresionado a todo el mundo, pero, al mismo tiempo, hay una guerra en toda regla». Mientras sea así, los aliados del Atlántico Norte consideran que «no es el momento para convertir a Ucrania en miembro pleno de la Alianza».

Este era en realidad el centro de la cuestión. En las últimas horas, el propio Zelensky había declarado que es «absurdo» que la Alianza no de una fecha concreta para el ingreso de Ucrania. Biden le concedió privilegios de membresía, pero no una fecha.

Está claro que las potencias de la OTAN quieren efectivizar el ingreso de Ucrania a la Organización. Pero también está claro que ninguna de esas potencias, comenzando por EEUU, tiene deseos o intenciones de embarcarse en una guerra directa con la Rusia de Putin. Y mucho menos en el centro del continente Europeo.

Apenas se convierta en miembro pleno de la OTAN, Ucrania gozará de todas las garantías (y obligaciones) del Tratado. Entre ellas se cuenta la obligación de auxilio mutuo en caso de guerra. Si la membresía se concretara hoy por hoy, las potencias de la OTAN estaría obligadas a declararle formalmente la guerra a Rusia.

Y las consecuencias de una decisión como esa serían explosivas. En sus declaraciones, Zelensky se queja amargamente, denunciando que dejaron una ventana abierta para «usar la membresía de Ucrania a la OTAN para negociar con Rusia».

Es decir, la posición del gobierno de Kiev es que la Alianza militar encabezada por Estados Unidos debería entrar en guerra abierta con Rusia lo más rápido posible. La irresponsabilidad absoluta de semejante posición es evidente: implica la posibilidad de una guerra nuclear si las cosas escalaran de esa manera. Y, sin embargo, Kiev ya está armada hasta los dientes con las armas de la OTAN. No habría podido sostener la guerra hasta ahora sin esa «ayuda».

Mientras tanto, en su proyecto de convertirse en potencia imperialista, Moscú mantiene ocupadas zonas enteras de Ucrania, sojuzgando la independencia y la voluntad de los pueblos aplastados por su bota militar. No hay otra posición socialista o de izquierda que no sea la exigencia de que sus tropas se retiren inmediatamente de las zonas ocupadas (con la posible excepción de Crimea, donde debería poder hacerse un referéndum no condicionado). Pero esta posición es muy diferente a la del gobierno ucraniano: Zelensky quiere una guerra directa entre potencias imperialistas, en la que el pueblo ucraniano y su soberanía solamente pueden ser aplastados por uno u otro bando.

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