6. Conclusiones

La teoría monetaria de Marx es parte integrante de su teoría del valor, no tiene ninguna independencia de lo que ocurre en la economía real. En ese sentido Marx es taxativo, no existe ninguna receta monetaria que permita resolver las grandes contradicciones del capitalismo, ni en relación con el crecimiento económico ni con respecto a la lucha de clases.

El dinero es el equivalente general, cumple el rol fundamental de llevar a cabo en la práctica la organización social de un modo de producción que se caracteriza por no organizarse de manera directa, sino indirecta a través de la ley del valor. En ello radica la importancia del dinero en el modo de producción capitalista y también en la economía de la transición al socialismo: quién lo porta tiene poder social.

Los socialistas, no solo Marx y los marxistas, sino incluso los que él denominó “socialistas utópicos” se oponen fuertemente a este rol del dinero. El objetivo de los socialistas es revolucionar la sociedad capitalista para ir hacia un sistema de productores libremente asociados, donde el poder para organizar la vida social no la tenga una mercancía, o el capital, o los capitalistas, sino el conjunto de la sociedad trabajadora. El aporte de Marx a esta tradición fue la de demostrar que no había forma de cambiar la forma en la que la sociedad se organiza simplemente aboliendo el dinero, o cambiándolo por supuestos representantes directos del trabajo social. Para terminar con el poder del dinero, y de los capitalistas, es necesario revolucionar el modo de producción capitalista, y terminar con la producción de mercancías, con la organización del trabajo social a través de la ley del valor. Y esto sólo puede lograrse, para Marx, con el desarrollo económico y de las fuerzas productivas.

Los bolcheviques tenían muy claro esto cuando tomaron el poder en 1917. Pero impulsados por la lucha de clases y las necesidades de la guerra civil avanzaron en un peligroso terreno de abolición del dinero, sin las condiciones materiales para que esa abolición significara un avance social real, una forma superior de organizar la producción.

Una primera conclusión de este trabajo es que la desorganización de la economía durante el Comunismo de Guerra no fue producto de una supuesta ideología de “abolición inmediata del dinero”. La desorganización económica fue previa, y tenía que ver con la debilidad de Rusia como país imperialista pero atrasado, la derrota en la guerra y la revolución. La desmonetización del rublo fue consecuencia, y no causa de este proceso. La idealización y racionalización de este proceso fue posterior a su comienzo. Una vez comenzada, la desmonetización del rublo contribuyó a acelerar la desorganización social.

Una segunda conclusión es ratificar la idea de Marx de que el estado no puede crear valor de la nada a partir de la emisión de papel moneda inconvertible, ni siquiera en manos de un gobierno revolucionario que impuso fuertes controles de precios, que los defendía mediante destacamentos armados y que no otorgaba ninguna importancia a la defensa de la propiedad privada. Esta conclusión se ratifica con los tres grandes derrumbes del rublo luego de la revolución. Estos derrumbes no pueden atribuirse a una supuesta ideología del partido gobernante, ya que la primera fue durante el Comunismo de Guerra -donde se desarrolló una fuerte corriente de pensamiento en favor del pasaje a una economía sin dinero- pero luego también dos veces durante la NEP, en abril-mayo de 1922 y a fines de 1923, cuando la posición dominante daba gran importancia a la estabilización del dinero.

En tercer lugar, la importancia de la ley del valor para la planificación de la economía durante la transición al socialismo. Es fundamental la utilización de mecanismos de mercado para comparar los costos de producción, en el fondo, para comparar los tiempos de trabajo necesarios para producir distintos productos en una multiplicidad de unidades productivas. La reducción de este tiempo de trabajo, el avance de la productividad y la reducción de los costos, son fundamentales en ese período de transición, y no pueden encararse estos problemas sin la estabilización monetaria y financiera. Las distorsiones generadas por la desmonetización del rublo no permitían ni a las autoridades ni a las empresas planificar su producción. Es fundamental fortalecer el rol del dinero como medida de los valores.

En cuarto lugar, la estabilización monetaria permite la planificación, pero no resuelve en sí misma el problema del desarrollo económico e industrial. Este era el argumento de la oposición de izquierda: el libre juego del mercado, de la ley del valor, sólo contribuiría a fortalecer la economía “pequeño burguesa” campesina, y condenaría al raquitismo a la industria. Tienen que discutirse los mecanismos económicos y financieros para poder financiar a la industria y permitirle un rápido desarrollo. Nuevamente, para Marx no hay recetas mágicas para encarar este desarrollo sin exacerbar contradicciones económicas y de clases sociales. Este debate, que comenzó durante la NEP y se generalizó luego de la estabilización de la moneda, se daría entre la oposición de izquierda de Trotsky, el ala derecha de Bujarín y el centro de Stalin durante la década de 1920.

Para finalizar, una reflexión acerca de las medidas que tomaron los bolcheviques en estos primeros años de la revolución. Comenzaron con un intento de congeniar el poder obrero en el Estado con cierto grado de control y de propiedad de la industria por parte de los capitalistas, mientras garantizaban la pequeña propiedad rural por parte de las familias campesinas. Luego, al calor de la guerra civil, surgió el modelo del Comunismo de Guerra, un sistema que solo podía servir para ganar el combate, pero que era un claro retroceso en el sentido del desarrollo económico. Por último, la NEP, que fue interpretada como un “retroceso”, pero que permitió restablecer la acumulación y las relaciones sociales rotas en el período anterior. Finalmente, los bolcheviques lograron llevar a cabo un plan de estabilización monetaria que logró bajar la inflación de picos del 280% mensual[29] a prácticamente cero en menos de dos años desde la introducción del chervonetz. Si miramos el panorama completo, el gobierno soviético logró entre noviembre de 1917 y 1924 salvar a Rusia del desastre económico y social en que la había inmerso el zarismo primero y el gobierno provisional después. Ese programa de estabilización, si se lo analiza superficialmente, contuvo medidas que desde la óptica del siglo XXI podrían llamarse “conservadoras” o “de derecha”. La reducción del déficit fiscal, la búsqueda de eliminar la emisión monetaria como herramienta de financiamiento del gasto estatal, la búsqueda de un gasto del público acorde a las posibilidades de la sociedad rusa, la restauración del mercado en ámbitos importantes de la vida social, se encuentran hoy en día en el arsenal político de quienes militan contra el socialismo. Esa conclusión sería superficial, porque el trasfondo social, político y económico de la revolución era marcadamente anticapitalista, y se basaba en que el poder estaba en manos de la clase obrera, de las expropiaciones de las industrias más importantes, de la banca, el monopolio del comercio exterior y del mercado de divisas, así como el incremento de los impuestos personales, incluso bajo la forma de expropiaciones directas de la riqueza personal.

La transición al socialismo, de la cual los bolcheviques fueron pioneros, no es una serie de recetas o medidas establecidas de antemano. El proyecto político y económico de la transformación social y la superación del capitalismo es muchísimo más que algunas medidas económicas aisladas. Lo más importante es quién toma estas medidas, con qué fines y en beneficio de qué clase social. Con los bolcheviques, en esos primeros años de la revolución rusa, se encontraba en el poder la clase obrera. Las medidas citadas contribuyeron a terminar con el caos producto de la guerra primero y la guerra civil después. No tiene sentido objetarlas desde un punto de vista de doctrina económica: el elemento del poder es el que les da el carácter a las medidas tomadas por el gobierno soviético. Medidas que pueden parecer más “de izquierda”, como las que se tomaron durante el Comunismo de Guerra, que fueron exitosas para ganar la guerra civil, atentaban directamente contra la ligazón social y la capacidad de la sociedad rusa de reproducirse, poniendo en juego el poder mismo de los trabajadores. O, en el extremo, medidas netamente “anticapitalistas” como la expropiación masiva de los campesinos durante la colectivización forzosa estalinista, lejos de ser una “revolución complementaria” o una revolución “más grande que la de octubre de 1917” como la definieron algunos autores, pueden ser la consumación de la expropiación política del poder a la clase obrera y la implantación de un estado burocrático.

Para el avance de la transición al socialismo hace falta conjugar tres elementos. El primero, la ley del valor, la contabilidad económica, el juego de la oferta y la demanda en el mercado, la estabilidad financiera. El segundo, la planificación, sin la cual no hay desarrollo económico. Al mismo tiempo, la estabilidad financiera es fundamental para poder llevar una planificación racional de la economía: esta fue una gran conclusión de los bolcheviques. Pero la última, la más importante, es la cuestión del poder. Que sea la clase trabajadora la que efectivamente tiene en sus manos los resortes del gobierno y la toma de decisiones. Por encima de las medidas económicas en abstracto, para que exista una transición al socialismo, debe desarrollarse la democracia de los trabajadores, donde es efectivamente la clase obrera la que dirige la planificación de acuerdo con sus propios intereses (Sáenz, 2011).


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